Solemnidades y fiestas

EL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO: CORPUS CHRISTI

El jueves siguiente al domingo de la Santísima Trinidad, la Iglesia celebra la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. Al celebrarlo en jueves, recordamos el jueves Santo, día de la institución de la Eucaristía. Ambos días tienen un objetivo similar. El Corpus Christi nos proporciona una segunda oportunidad para celebrar el misterio de la Eucaristía y considerar sus varios aspectos. Nos invita a manifestar nuestra fe y devoción a este sacramento, que es el "sacramento de piedad, signo de unidad, vinculo de caridad, banquete pascual en el cual se come a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria venidera”.

Historia de la fiesta.

La solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo se remota del siglo XIII. Se cuenta que en el año 1264 un sacerdote llamado Pedro de Praga, dudaba sobre el misterio de la transubstanciación del Cuerpo y de la Sangre de Cristo en la Hostia santa y en el vino consagrado, acudió a una peregrinación a Roma a la tumba de San Pedro para que el apóstol aumentara su fe. Al regresar de su viaje, se detuvo en Bolsena y mientras celebrara ahí el sacrificio de la Santa Misa, la sagrada Hostia comenzó a destilar sangre hasta quedar el corporal completamente mojado. La noticia se difundió inmediatamente, llegando a oídos del Papa Urbano IV. Impresionado por la majestuosidad de tal acontecimiento, ordenó que el sagrado lino fuese transportado a Orvieto y, comprobado el milagro, instituyó enseguida la celebración de la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo. 

El año 1290 el Papa Nicolás IV, a petición del clero y del pueblo, colocó la primera piedra de la nueva catedral que se erigiría en la ciudad de Orvieto para custodiar y venerar la sagrada reliquia.

Después de esta breve noticia histórica, parece obvio el por qué de esta celebración. La Iglesia entera –fieles y pastores, unidos en un solo corazón- quiere honrar solemnemente y tributar un especial culto de adoración a Jesucristo, realmente presente en el santísimo sacramento de la Eucaristía, memorial de su pasión, muerte y resurrección por amor a nosotros, banquete sacrificial y alimento de vida eterna.

La Iglesia siempre ha tenido en altísima estima y veneración a este honorable sacramento, pues en él se contiene, real y verdaderamente, la Persona misma del Señor, con su Cuerpo santísimo, su Sangre preciosa, y toda su alma y divinidad. En los restantes sacramentos se encierra la gracia salvífica de Cristo; pero en éste hallamos al mismo Cristo, autor de nuestra salvación.

 

Meditación del Papa Benedicto XVI.

Jesús no es un rey terrenal, que ejerce su dominio, sino un rey que sirve, que se acerca hasta el hombre para satisfacer no sólo el hambre material, sino sobre todo un hambre más profunda, el hambre de orientación, de sentido, de verdad, el hambre de Dios.

Queridos hermanos y hermanas, pidamos al Señor que nos ayude a redescubrir la importancia de alimentarnos no sólo de pan, sino de verdad, de amor, de Cristo, del cuerpo de Cristo, participando fielmente y con gran conciencia de la Eucaristía, para estar cada vez más íntimamente unidos a Él. En efecto, no es el alimento eucarístico el que se transforma en nosotros, sino que somos nosotros los que gracias a él acabamos por ser cambiados misteriosamente. Cristo nos alimenta uniéndonos a él; "nos atrae hacia sí". Al mismo tiempo, oremos para que nunca le falte a nadie el pan necesario para una vida digna, y que se terminen las desigualdades no con las armas de la violencia, sino con el compartir y el amor. Nos confiamos a la Virgen María, a la vez que invocamos sobre nosotros y nuestros seres queridos, su maternal intercesión. (Benedicto XVI, 29 de julio de 2012).

 

Seminario Conciliar de la Purísima

González Ortega # 10

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Guadalupe, Zac.

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