Solemnidades y fiestas

SAN MATEO CORREA MAGALLANES

«VIVIR Y MORIR EN CRISTO»
 
El testimonio más grande del cristiano, es aquel que se sella con la propia sangre.
 
No es banal que se considere a los mártires como vencedores de la fe, porque ellos perseveraron en las adversidades y entregaron la propia vida. Y cada uno de ellos actualiza, para la Iglesia, el supremo testimonio de fe en Cristo y en la Iglesia.
 
Celebrar a un mártir es celebrar la fe, pero una fe trascendente, una fe profunda, que entusiasma a cuantos han logrado conocer las virtudes y los esfuerzos, que durante su vida realizó esa persona, los cuales fueron llevados al máximo a la hora de morir por Cristo.
 
Los relatos de los mártires, desde el inicio de la Iglesia hasta hoy, están llenos de dramatismo y de heroísmo; tal parece que fueran personajes míticos, sacados de la imaginación de algún gran novelista, pero son relatos cargados de una realidad aberrante, que movidos por el odio a la fe, han despertado la fuerza incontenible de un amor profundo a Cristo que, mueve a aquellos grandes personajes a arrostrar con valor el peligro, el tormento y la muerte a que fueron sometidos.
 
Podemos leer en el Santoral del padre Jorge Sans Vila, refiriéndose al martirio de San Mateo Correa Magallanes (1886 – 1927)
«Nació en Tepechitlán. Ordenado sacerdote el 20 de agosto de 1893, cantó su primera misa en la parroquia de Fresnillo el 1 de septiembre. Párroco de Valparaíso, Zacatecas desde 1926. He aquí una página que de estar escrita en latín, bien podría figurar en unas Actas martiriales del siglo III».
Así comienza el relato del martirio de San Mateo Correa Magallanes, relato bastante conocido por muchos de los fieles de las Diócesis de Durango y Zacatecas. 
 
Una reseña muy bien elaborada, la pueden encontrar en la página www.santuariodelosmartiresdecristo.org/wp/santos-martires/san-mateo-correa-magallanes-pbro/ 
Pero la causa de su canonización se encuentra expresada con mucha claridad y sencillez en la página del Vaticano.
 
MATEO CORREA MAGALLANES
Nació en Tepechitlán, Zac. (Diócesis de Zacatecas), el 23 de julio de 1866. Párroco de Valparaíso, Zac., (Diócesis de Zacatecas). El Padre Mateo cumplió fielmente las obligaciones de su sacerdocio: evangelizar y servir a los más pobres, obedecer a su obispo, unirse a Cristo Sacerdote y Víctima, especialmente al convertirse en mártir a causa del sello sacramental. Fue perseguido continuamente y hecho prisionero varias veces, la última vez fue cuando iba a auxiliar a una persona enferma. Lo detuvieron algunos días en Fresnillo, Zac., y fue llevado después a Durango. Allí le pidió el general que confesara a unos presos y después le exigió que le revelara lo que había sabido en confesión, o de lo contrario le mataría. El señor Cura Correa respondió con dignidad: «Puede usted hacerlo, pero no ignore que un sacerdote debe guardar el secreto de la confesión. Estoy dispuesto a morir». Fue fusilado en el campo, a las afueras de la ciudad de Durango, el 6 de febrero de 1927 y así inició su verdadera vida aquel párroco abnegado y bondadoso.  
(http://www.vatican.va/news_services/liturgy/saints/ns_lit_doc_20000521_correa-megallanes_sp.html) 
 
Contemplar esta narración tan sencilla, nos hace comprender que el acto heroico de un mártir, es el resultado de una vida de fe auténtica, no es algo fortuito, casual; es una vida de entrega a Cristo y a su Iglesia, porque ha logrado conocerlo, amarlo, trabajar por su gloria, buscando la salvación de todos aquellos que le han sido encomendados a los afanes pastorales.
Celebrar a un mártir, finalmente, es unirse a Cristo que ama, que busca, que fortalece y acompaña a los que le son fieles. 
 
Celebrarlo, es expresar nuestra fe en la redención efectuada por Cristo el Señor, es unirnos eucarísticamente a todo el pueblo de Dios, que acoge gozosamente la Palabra de Salvación y la hace vida. Es reconocer ante toda la comunidad humana la riqueza del amor misericordioso de Dios, en el que hemos sido insertados de una vez para siempre. 
 
La Iglesia no celebra actos aislados, sino el desarrollo de una comunidad viva, que avanza hacia la salvación, que pretende transformar el mundo para Dios. Hacerse presente de una manera activa en las realidades que le toca vivir.
 
Y nosotros, fieles de la Iglesia que peregrina en Zacatecas, tenemos un ejemplo muy claro de cómo se responde a Dios desde las circunstancias que nos toca vivir. No se trata de ser contestatarios a ultranza, sino de actuar de acuerdo al Evangelio, haciendo aquello que nos corresponde, y hacerlo para alabar a Dios y colaborar por la salvación de los hermanos.
 

Seminario Conciliar de la Purísima

González Ortega # 10

C.P. 98600, Col. Centro

Guadalupe, Zac.

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