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HISTORIA VOCACIONAL

¡Qué tal! Soy Carlos Eduardo Torres Álvarez, tengo 15 años y soy originario de Mezquitic, Jalisco de la parroquia de San Juan Bautista. Actualmente curso 1º de Humanidades en el Seminario Menor. Los invito a conocer cómo comencé a recorrer este extraordinario camino de la vocación sacerdotal. 

Mi historia vocacional empieza desde que mis padres me enseñaron a hablar y a caminar, pues no solamente me enseñaron eso, también me inculcaron el respeto y amor hacia Dios, ya que era Él quien nos tenía en este mundo. Puedo decir que gracias a Dios crecí en una familia muy cristiana, pues mis padres siempre han estado muy cercanos a la religión: mi papá era adorador nocturno, mi mamá era maestra del catecismo. 

A la edad de 5 años yo quería ser acólito, pues veía a mi hermano serlo, mis papás aceptaron y hasta hoy no lo he dejado de ser. Mucha gente me decía que me vería bien de sacerdote y me gustaba la idea, además varios sacerdotes me invitaban al Seminario, nunca dije NO. Veía a los sacerdotes y me decía a mí mismo: estaría bien ser sacerdote, pues toda la gente los quiere y siempre los reciben con cariño.

Pasaron los años y mis gustos y preferencias comenzaron a cambiar. Ya no le tomaba interés a las cosas de Dios, solamente lo hacía por costumbre y porque mis papás me decían que lo tenía que hacer. 

Pero en secundaria un amigo me empezó a invitar a las Jornadas Vocacionales y fue allí cuando pensé, ¿Y si me voy al Seminario? De ahí en  adelante me empezó a interesar todo sobre ser seminarista. En las Semanas Santas quería que fuera un seminarista a mi parroquia para platicar con él sobre cómo era el Seminario y qué se necesitaba para entrar en él.

Investigando en la página del Seminario de Zacatecas me percaté que tenía Facebook, ahí fue cuando me puse en contacto más de cerca y me enteré que dentro de poco habría un campamento vocacional cerca de mi parroquia. Con gusto asistí y cuando acabó le empecé a tomar de nuevo importancia a todas las cosas de Dios,  como las horas Santas, rosarios y comencé a confiar en Jesucristo como un verdadero amigo. 

Después me invitaron a una Jornada Vocacional y no me la podía perder. En esa Jornada conocí el Seminario y me gustó mucho, me enseñaron un poco sobre cómo era la vida dentro de él, y dentro de mí me dije: Yo me quiero quedar aquí, ya no me quiero ir del Seminario; lamentablemente eran solo dos días. Y fue cuando decidí entrar al Seminario. Platiqué con mis papás y les comenté mi deseo por ingresar a esta casa de formación, a lo que ellos me dijeron que si era lo que quería que contaba con su apoyo. 

El día de hoy llevó casi un año en esta gran Institución y les puedo decir que esta decisión es la mejor que he tomado en mi corta vida. Por eso invito a todos aquellos que, como yo, sienten inquietud o curiosidad por entrar o conocer el Seminario a que no tengan miedo ni se queden con dudas, ya que no cobran por preguntar o conocer, no dejen pasar la oportunidad de vivir la gran aventura de su vida solo por miedo o por vergüenza. ¡Anímate! Dios nunca te va a dejar solo en este camino, recuerda que el que invita paga. 

Seminario Conciliar de la Purísima

González Ortega # 10

C.P. 98600, Col. Centro

Guadalupe, Zac.

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